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El apagón. ¿De qué no podemos prescindir en la oficina?

Ayer, un apagón general paralizó buena parte del país. Oficinas a oscuras, comunicaciones interrumpidas, reuniones aplazadas… y la realidad de nuestra dependencia tecnológica quedó al descubierto.

A veces, no nos damos cuenta de todo lo que damos por hecho hasta que, literalmente, se nos apaga el mundo. Pero, si lo miramos con perspectiva, estos imprevistos también son una oportunidad para preguntarnos qué es realmente imprescindible para el buen funcionamiento de una empresa.

1. La energía (y alternativas para garantizarla): Sin luz todo se detiene. Contar con sistemas de contingencia y planes de actuación es esencial para asegurar que las actividades no se interrumpan y que las personas puedan seguir trabajando con seguridad.

2. Las comunicaciones: Las herramientas digitales son nuestro principal canal para colaborar, informar y organizarnos. Sin comunicación, no solo se paraliza el trabajo, sino que se genera incertidumbre. Redescubrir canales presenciales o planes alternativos es clave.

3. El espacio y el confort básico: Más allá de la productividad, el confort físico (luz, temperatura, accesibilidad) garantiza la salud y el bienestar. El espacio de trabajo debe estar pensado para ser inclusivo y seguro para todas las personas, también en momentos de emergencia.

4. Las personas: Por encima de todo, en el caso de la Fundación FIL, lo que nunca falla son las personas. Ayer vimos cómo, a pesar del imprevisto técnico, todo seguía adelante. La capacidad de adaptación y la voluntad de apoyar a los compañeros son los verdaderos motores que mantienen viva una actividad, incluso en situaciones límite. Porque en una organización como la nuestra, con la inclusión laboral como pilar fundamental, ya sabemos que cada persona aporta un valor único. Las crisis, como el apagón de ayer, son recordatorios de que la diversidad —también la diversidad de habilidades, perspectivas y fortalezas personales— nos enriquece y nos hace más resilientes como equipo y como comunidad. No en vano, nuestros valores son compromiso, inconformismo, aprendizaje y humanidad.

Construir espacios de trabajo inclusivos no es solo una cuestión de igualdad: es una estrategia real para ser más flexibles y más capaces de afrontar cualquier desafío. Además, a nivel social, las fundaciones o empresas sociales como FIL son esenciales para promover la cohesión social y mejorar las condiciones de vida de los grupos desfavorecidos.

¿Y ahora qué?
Lo que ha quedado muy claro es que situaciones como la de ayer, a pesar de la buena actitud y predisposición de las personas, sitúan a las empresas en una posición «delicada». El apagón general del 28 de abril de 2025 ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las infraestructuras y la necesidad de adoptar medidas para evitar futuras interrupciones masivas del suministro eléctrico.

Según El País, el impacto máximo teórico podría alcanzar los 4.500 millones de euros, equivalente al PIB diario del país. Sin embargo, los analistas consideran que las pérdidas reales serán considerablemente menores, ya que el corte eléctrico ocurrió avanzada la jornada laboral y duró entre seis y diez horas.

Medidas para evitar futuros apagones
El apagón pone sobre la mesa la necesidad de modernizar la red eléctrica española, especialmente en un contexto de creciente dependencia de las energías renovables. Ya hace algunos años, como explican en VilaWeb, Francesco Starace, director general de Enel, la eléctrica más grande de Europa y propietaria de Endesa, advirtió que, por encima del 70% de producción renovable, la gestión se complica y es necesario recurrir a sistemas de almacenamiento de energía, como embalses reversibles o grandes baterías estacionarias. La red eléctrica actual está diseñada para una producción centralizada y necesita una actualización mediante la creación de múltiples pequeñas centrales renovables repartidas por el territorio. (VilaWeb).

Estos eventos subrayan la importancia de reforzar las infraestructuras energéticas y de seguir avanzando hacia una transición energética segura y sostenible.

Pero, seguramente, construir organizaciones resilientes implica más que garantizar recursos: implica invertir en la cohesión, en la inclusión y en la adaptación continua. Solo así podremos afrontar no solo apagones puntuales, sino cualquier reto futuro con garantías.

Porque, cuando fallan los sistemas, lo que nos mantiene activos es nuestra capacidad de estar, adaptarnos, aprender y sumar.