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Discapacidad y juventud: un doble muro de acceso al trabajo

El paro juvenil sigue siendo una preocupación para el país: en 2024, la tasa de paro para menores de 25 años era de cerca del 26%, muy por encima de la media de la UE (~15%). Pero si hacemos centramos nuestra atención sobre los jóvenes con discapacidad, la situación se vuelve más dramática:

  • El 48,1% de los jóvenes con discapacidad (menores de 30 años) está en paro, frente al 27% en su franja sin discapacidad.
  • Además, más de la mitad de estos jóvenes (51,7%) nunca ha tenido un trabajo y se mantiene en búsqueda activa.
  • El 61,4% está en paro de larga duración (más de 12 meses), mientras que a la misma edad, la población general es sólo el 25%.
  • La discriminación está muy presente: un 90,4% afirma haberla vivido, comparado con el 45% por motivos sólo de edad.
  • Y, según la Fundación Adecco, tardan casi el doble en encontrar trabajo: 24,5 meses vs 12 meses de su circunferencia sin discapacidad.

Posibles causas de esta brecha

  • Formación desigual: sólo el 15% llega a estudios universitarios frente al 33% sin discapacidad.
  • Barreras estigmáticas: prejuicios laborales ideados para personas con discapacidad, especialmente en procesos de selección.
  • Entornos poco accesibles: desde la formación hasta las ofertas de trabajo digitales, en muchas ocasiones no tienen en cuenta criterios de accesibilidad.
  • Efectos en cadena de desmotivación: el paro prolongado tiene impactos en la autoestima, autonomía y condiciones de vida, incluso empeorando la salud mental y la inclusión social.

¿Por qué actuar?

La inclusión laboral de los jóvenes con discapacidad no es sólo una cuestión de derechos: es una inversión social y económica. Poseer una trayectoria profesional estable favorece la autonomía personal, facilita la vida independiente y reduce riesgos de exclusión social a largo plazo.

Pero la realidad actual está clara: sólo un 35,5% de las personas con discapacidad está activa laboralmente, es decir, trabaja o busca trabajo, según el INE. Por el contrario, la tasa de actividad de la población general es del 78,5%. Una brecha de más de 40 puntos porcentuales.

Esta desigualdad se hace aún más cruda entre la juventud, especialmente en el momento clave de la transición de la escuela en el mundo laboral. En el caso de las personas jóvenes con discapacidad intelectual, se añaden barreras adicionales como:

  1. menos oportunidades formativas,
  2. poca orientación laboral adaptada,
  3. y prejuicios que limitan su acceso a entornos laborales inclusivos.

Como actores del Tercer Sector, desde FIL apostamos por estrategias alineadas con nuestros valores:

  • Crear oportunidades según las capacidades de cada persona para que pueda acceder al mercado laboral
  • Acompañamiento y mentoring
  • Cultura empresarial inclusiva
  • Cero estigma
  • Sensibilización para que las organizaciones sean inclusivas de forma real
  • Conseguir que las empresas hagan visibles sus procesos relacionados con la inclusión
  • Promover que las instituciones promuevan políticas e incentivos reales

Los jóvenes con discapacidad son también el talento del futuro.

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